Un hombre se perdió en el desierto. Estaba a punto de perecer de sed cuando aparecieron algunas mujeres que venían en una caravana. El hombre, al borde de la muerte, gritó pidiendo auxilio. Cuando las mujeres se aproximaron a él y lo rodearon, pidió urgentemente agua. Las mujeres empezaron a mirarlo con detenimiento y comenzaron a preguntarse cómo querría el hombre que le sirvieran el agua.
¿Preferiría en copa de cristal o en una taza?, ¿en un recipiente de oro o de plata?, ¿tal vez en una jarra?
Ellas hablaban y hablaban interesándose por el objeto, pero, entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.
Hay un área de ignorancia en la mente humana que la inclina a lo irrelevante y trivial, obnubilando la consciencia de lo Real.
LO ESCENCIAL Y LO TRIVIAL
EL ASTRÓNOMO
Tenía un astrónomo la costumbre de pasear todas las noches estudiando los astros. Un día que vagaba por las afueras de la ciudad, absorto en la contemplación del cielo, cayó inopinadamente en un pozo. Estando lamentándose y dando voces, acertó a pasar un hombre, que oyendo sus lamentos se le acercó para saber su motivo; enterado de lo sucedido, dijo:
-¡Amigo mío! ¿quieres ver lo que hay en el cielo y no ves lo que hay en la tierra?
Moraleja:
Está bien mirar y conocer a nuestro alrededor, pero antes hay que saber donde se está parado.
EL HOMBRE Y LA ZORRA
Había un hombre que odiaba a una zorra porque le ocasionaba algunos daños ocasionalmente.
Después de mucho intentarlo, pudo al fin agarrarla, y buscando vengarse de ella, le ató a la cola una mecha empapada en aceite y le prendió fuego, entonces la dejo correr sabiendo que el fuego consumiría a la pobre zorra.
En eso la zorra salió corriendo con una gran velocidad, pasando por los cultivos del hombre y pudiendo llegar a un río y salvarse.
Era la época en que ya se estaba listo para la recolección del producto y el labrador siguiendo a la zorra, contempló llorando, cómo al pasar ella por sus campos, se quemaba toda su producción.
Moraleja
Procura ser comprensivo e indulgente, pues siempre sucede que el mal que generamos, tarde o temprano se regresa en contra nuestra.
LA VIDA ES UN CAMINO
Había una vez un hombre que iba de una ciudad a otra muy distante. A medida que caminaba se encontraba con cruces de caminos, y debía seguir el adecuado para llegar a su destino. Durante el viaje se encontró a los más variados personajes. Uno de estos personajes, simplemente, viajaba por viajar, nunca se preocupaba por saber que camino cogía o hacia dónde se dirigía.
Otro, quería ir a una ciudad determinada, pero en cuanto llegaba a un pueblo se entretenía en los mercados y puestos ambulantes y retrasaba su viaje, así que nunca llegó a su destino.
Otro, en cuanto llegaba al cruce de caminos nunca sabía qué camino debía seguir y era tan tímido que no se atrevía a preguntar a los que pasaban por dónde debía ir a la ciudad. Tampoco éste llegó, a donde debía ir.
Nuestro personaje, en cambio, y muchos otros, sí que llegaron a sus ciudades. A veces no era fácil y se perdían pero no se desanimaban, retrocedían y en poco tiempo volvían a estar en el buen camino. Al final llegaban alegres y contentos a sus ciudades, donde les esperaban sus familiares y amigos.
Nuestra vida es muy parecida a la de estos viajeros. Todos estamos llamados a ser algo importante para los demás y nuestra vida es el camino para llegar a esa meta.
Tú, ¿ ya sabes el tuyo?
LOS TRES ANCIANOS
Una mujer que salía de su casa vio a tres ancianos de barbas blancas sentados en el jardín de su casa.
“No sé quienes son ustedes, pero deben tener hambre. Por favor, pasen que les daré algo de comer”
“¿Está el hombre de la casa?”, preguntó uno de ellos.
“No, no está”
“Entonces no podremos entrar” dijeron los ancianos.
Al atardecer, cuando su marido llegó a la casa, la señora le contó lo sucedido.
“Ve y dile que yo estoy en casa y que los invito a pasar a los tres”
La mujer salió y los invitó amablemente a que pasaran.
“Nosotros no podemos ser invitados a una casa juntos” dijo con determinación uno de los ancianos.
“¿Por qué?” preguntó la mujer muy intrigada.
El anciano con la barba más blanca respondió:
“Su nombre es Riqueza” dijo señalando a uno de ellos y señalando al otro agregó: “Su nombre es Éxito, y el mío es Amor… ahora, ve con tu marido y decidan a cuál de nosotros prefieren invitar”
“¡Qué fantástico! Si ese es el caso invitemos a Riqueza. Así llenaremos nuestra casa con riquezas” Dijo el marido cuando escuchó lo que le contó la mujer.
“No, no me parece buena idea… ¿Por qué no elegimos a Éxito? así seremos admirados por todos”
su hija adoptiva que escuchaba la conversación desde su habitación exclamó:
“¿ Por qué no invitamos al Amor? ¿Por qué siempre hay que pensar en las riquezas y el éxito como si el amor no fuera importante para nosotros?”
La intervención de la niña dejó a sus padres en silencio y avergonzados.
“Sí, ella tiene razón” dijo la madre.
Y el padre agregó: “Sigamos el consejo de nuestra hija”
La mujer salió al encuentro de los ancianos y preguntó :
“¿Cuál de ustedes es Amor? … Por favor, pase y sea nuestro invitado.”
Amor se levantó y comenzó a caminar hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y los siguieron. Sorprendida, la mujer miró a Éxito y a Riqueza y preguntó:
“Sí yo solamente invité a Amor ¿Por qué ustedes también vienen?”
Los tres ancianos respondieron juntos:
“Si hubiese invitado a Éxito o a Riqueza los otros dos se quedaban afuera, pero ustedes invitaron a Amor, y donde quiera que él vaya los otros lo siguen. Porque donde hay amor siempre hay éxito y riqueza.
SABE QUIÉN SOY?

Soy el hombre que entra a un restaurante, se sienta a la mesa y espera pacientemente mientras los meseros hacen cualquier cosa menos tomar mi pedido.
Soy el hombre que llega a una estación de servicio y en lugar de tocar la bocina espera pacientemente que el empleado termine de leer las noticias deportivas.
Soy el hombre que explicó que tenía urgencia por algo especial, pero no se quejó al recibirlo tres semanas más tarde, como si hubiera sido enviado en la forma y tiempo correcto.
Usted podría decir que yo soy el tipo de persona paciente, tranquila y llevadera, que nunca crea problemas. Pero realmente ¿sabe además quién soy yo?
Yo soy el cliente que nunca regresa.
Me divierto cuando veo como gastan millones de pesos en publicidad tratando de que regrese a su comercio, banco, compañía de seguros o empresas de servicios públicos. He estado allí y lo único que me hubiera retenido habría sido un eficiente servicio y una pequeña muestra de cortesía.

