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Vivir como las flores


Un discípulo se encontraba junto a su maestro y no tardó en preguntarle:

... Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto?, porque resulta que hay personas que hablan demasiado, algunas son ignorantes. Otras son indiferentes. Siento mucho odio por aquellas que mienten y sufro con aquellas que blasfeman.

- ¡Bien, debes vivir como las flores!, le dijo el maestro.

- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

- Fíjate y pon mucha atención a esas flores, continuó el maestro, mostrándole unos lirios que crecían en el jardín.

Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Obtienen

del abono maloliente todo lo que les es útil y saludable, pero no

dejan que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que

los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos mismos y

no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para preocuparse... Entrénate en la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera y perfuma

la vida de los demás haciendo el bien.

Esa es la manera de vivir como las flores.

LEALTAD


Un insurrecto había sido condenado a morir en la horca. El hombre tenía a su madre viviendo en una lejana localidad y no quería dejar de despedirse de ella por este motivo. Hizo al rey la petición de que le permitiese partir unos días para visitar a su madre. El monarca sólo puso una condición, que un rehén ocupase su lugar mientras permanecía ausente y que, en el supuesto de que no regresase, fuera ejecutado por él. El insurrecto recurrió a su mejor amigo y le pidió que ocupase su puesto. El rey dio un plazo de siete días para que el rehén fuera ejecutado si en ese tiempo no regresaba el condenado.

Pasaron los días. El sexto día se levantó el patíbulo y se anunció la ejecución del rehén para la mañana del día siguiente. El rey preguntó por su estado de ánimo a los carceleros, y éstos respondieron:

— ¡Oh, majestad! Está verdaderamente tranquilo. Ni por un momento ha dudado de que su amigo volverá.

El rey sonrió con escepticismo.

Llegó la noche del sexto día. La tranquilidad y la confianza del rehén resultaban asombrosas. De madrugada, el monarca indagó sobre el rehén y el jefe de la prisión dijo:

— Ha cenado opíparamente, ha cantado y está extraordinariamente sereno.

No duda de que su amigo volverá.

— ¡Pobre infeliz! -exclamó el monarca.

Llegó la hora prevista para la ejecución. Había comenzado a amanecer.

El rehén fue conducido hasta el patíbulo. Estaba relajado y sonriente.

El monarca se extrañó al comprobar la firmeza anímica del rehén. El verdugo le colocó la cuerda al cuello, pero él seguía sonriente y sereno. Justo cuando el rey iba a dar la orden para la ejecución, se escucharon los cascos de un caballo. El insurrecto había regresado justo a tiempo. El rey, emocionado, concedió la libertad a ambos hombres.

Deposita en tu capacidad de libertad interior la confianza del rehén y el camino te conducirá a la meta más alta.

EL ASTRÓNOMO


Tenía un astrónomo la costumbre de pasear todas las noches estudiando los astros. Un día que vagaba por las afueras de la ciudad, absorto en la contemplación del cielo, cayó inopinadamente en un pozo. Estando lamentándose y dando voces, acertó a pasar un hombre, que oyendo sus lamentos se le acercó para saber su motivo; enterado de lo sucedido, dijo:

-¡Amigo mío! ¿quieres ver lo que hay en el cielo y no ves lo que hay en la tierra?

Moraleja:

Está bien mirar y conocer a nuestro alrededor, pero antes hay que saber donde se está parado.