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Y UN DÍA EL SOL DESAPARECIÓ


Había una vez , en una zona de altas montañas, un águila que enseñaba a su pichón a volar. Aquellos días de verano eran buenos y de cielo despejado. Cierto día, llegado el otoño, el cielo se cubrió de densas nubes negras. El pichón, acostumbrado a ver el cielo y el sol, pegó un grito de desesperación; ya no veía ese manto celeste con su sol resplandeciente. El águila, viendo esto, le pidió que le acompañara. Juntas remontaron vuelo en dirección a las nubes. Luego de una trabajosa travesía, ambas estaban por encima de las nubes. El pichón estaba loco de alegría, se había superpuesto a esas negras nubes que le ocultaban su sol y su manto azul.

Moraleja:
Creo que a veces debiéramos desplegar nuestras alas y animarnos a volar más alto.

UN REGALO PARA TI


Dos hombres, ambos enfermos de gravedad, comparten el mismo cuarto semi privado del hospital.

A uno de ellos se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación.

El otro tenía que permanecer acostado de espalda todo el tiempo.

Conversaban incesantemente todo el día y todos los días, hablaban de sus esposas y familias, sus hogares, empleos, experiencias durante sus servicios militares y sitios visitados durante sus vacaciones.

Todas las tardes cuando el compañero ubicado al lado de la ventana se sentaba, se pasaba el tiempo relatándole a su compañero de cuarto lo que veía por la ventana.

Con el tiempo, el compañero acostado de espalda que no podía asomarse por la ventana, se desvivía por esos períodos de una hora durante el cual se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un bello lago. Los patos y cisnes se deslizaban por el agua, mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla del lago. Los enamorados se paseaban de la mano entre las flores multicolores en un paisaje con árboles majestuosos y en la distancia, una bella vista de la ciudad.

A medida que el Señor cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero cerraba los ojos e imaginaba un cuadro pintoresco.

Una tarde le describió un desfile que pasaba por el hospital y aunque el no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la mente mientras su compañero se lo describía.

Pasaron los días y las semanas y una mañana, la enfermera al entrar para el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida del señor cerca de la ventana, quien había expirado tranquilamente, durante su sueño.

Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo.

El otro día el otro señor, con mucha tristeza pidió que lo trasladaran cerca de la ventana.

A la enfermera le agradó hacer el cambio y luego de asegurarse de que estaba cómodo, lo dejó solo.

El señor con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó de un codo para poder mirar al mundo exterior por primera vez. Finalmente tendría la alegría de verlo por si mismo.

Se esforzó para asomarse por la ventana y lo que vió fue la pared del edificio de al lado.

Confundido y entristecido, le pregunto a la enfermera que sería lo que animó a su difunto compañero a describir tantas cosas maravillosas fuera de la ventana.

La enfermera le respondió que el señor era ciego y no podía ni ver la pared de enfrente.

Ella le dijo "Quizás solamente deseaba animarlo a usted".

Epílogo: Existe una inmensa alegría en poder alegrar a otros a pesar de nuestra propia situación.

La aflicción compartida disminuye la tristeza, pero cuando la alegría es compartida, se duplica.

Si deseas sentirte próspero, basta con contar aquello que posees y que no se puede comprar con el dinero.

Se ignora el origen de este relato. Este proporciona mucha alegría, satisfacción, si se comparte con otras personas.

No lo guarde para usted mismo.

OCASIÓN ESPECIAL


"Mi cuñado abrió el cajón de la cómoda de mi hermana y levantó un

paquete envuelto en papel:

"Esto -dijo- no es un simple paquete, es lencería".

Tiró el papel que lo envolvía y observó la exquisita seda y encaje.

La etiqueta del precio mostraba una cantidad astronómica. "Jan compró

esto la primera vez que fuimos a Nueva York, hace al menos 8 o 9 años.

Nunca lo usó. Lo estaba guardando para una ocasión especial. Bueno, creo

que esta es la ocasión".

Se acercó a la cama y colocó la lencería junto con la demás ropa que

íbamos a llevar a la funeraria. Jan estaba muerta.

Sus manos tocaron un momento la seda y cerró de golpe el cajón y

volviéndose hacia a mi me dijo:

" No guardes nada para una ocasión especial.. Cada día que vives es una

ocasión especial ".

Recordé esas palabras durante el funeral y los días que siguieron,

cuando lo ayude a él y a mi sobrina a atender todas las obligaciones

tristes que siguen a una muerte inesperada.

Pensé en ellos en el vuelo de regreso a California.

Pensé acerca de todas las cosas que ella no vivió, escuchó o hizo.

Pensé acerca de las cosas que ella hizo sin darse cuenta que eran

especiales.

Todavía estoy pensando en esas palabras, y han cambiado mi vida.

Ahora estoy leyendo más y limpiando menos.

Me siento en el porche y admiro la vista sin fijarme en las malas

hierbas del jardín.

Estoy pasando más tiempo con mi familia y amigos y menos tiempo en

juntas de trabajo.

Cuando sea posible, la vida debe ser un patrón de experiencias para

disfrutar, no para sobrevivir. Estoy tratando de reconocer estos

momentos ahora y disfrutarlos.

Ya no estoy guardando nada; usamos nuestra vajilla de lujo por

cualquier evento especial como bajar una libra, destapar el baño o

la primera flor de la primavera.

Uso mi saco nuevo para ir al super, si me dan ganas. Mi teoría es que

si me veo próspera, puedo gastar 280 pesos en una bolsa pequeña de

despensa sin preocuparme.

Ya no guardo mi mejor perfume para fiestas especiales, los empleados de

las tiendas y los cajeros de los bancos tienen narices que funcionan

tan bien como las de mis amigos en las fiestas.

Las frases "Algún día" y "Uno de estos días" van desapareciendo de

mi vocabulario.

Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo lo quiero ver, oír y

hacer ahora.

No estoy segura de lo que hubiera hecho mi hermana si hubiera sabido que

no estaría aquí para el mañana que todos tomamos a la ligera.

Creo que hubiera llamado a algunos miembros de la familia y a amigos

cercanos.

A lo mejor hubiera llamado a algunos ex - amigos para disculparse y

hacer las paces por posibles enojos del pasado.

Me gusta pensar que hubiera ido a comer comida china, su favorita.

Pero solo estoy pensando, nunca lo sabré.

Son esas cosas pequeñas dejadas sin hacer que me harían enojar si

supiera que mis horas están limitadas. Enojada porque deje de ver a

buenos amigos con los que me iba a poner en contacto "algún día".

Enojada, porque no escribí ciertas cartas que intente escribir "uno

de estos días".

Enojada y triste porque no les dije a mi esposo y a mi hija con la

suficiente frecuencia cuanto realmente los amo.

Estoy tratando de no retardar, detener o guardar nada que agregaría

risa y alegría a nuestras vidas.

Y cada mañana cuando abro mis ojos, me digo a mi misma que es

especial.

Cada día, cada cinco minutos, cada respiro es un regalo de DIOS.

Si recibiste esto, es porque alguien se preocupa por ti y significa

que es probable que haya alguien por quien tu te preocupes.

Si estas muy ocupado para tomarte unos pocos minutos para mandar esto

a otras personas, no seria esta la primera vez en que no hiciste ese

pequeño esfuerzo que podría hacer una diferencia en tus

relaciones y te puedo asegurar que no sería la última. Tu puedes ver

el resultado del no preocuparte por ti mismo o por los demás en tus

relaciones.

Date una nueva oportunidad para iniciar una nueva etapa en tu vida."

EL AMOR


Erase una vez una isla en donde habitaban todos los sentimientos, la alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el amor. Un día, se les avisó a los moradores que la isla en la que vivían se iba a hundir; rápidamente todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se preparaban a partir, pero el amor se quedó porque quería estar un rato más con la isla que tanto amaba, antes de que se hundiese. Cuando por fin estaba ya casi ahogándose, el amor comenzó a pedir ayuda; en eso venía la riqueza y el amor dijo: riqueza, llévame contigo !! No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, y no tengo espacio para ti, contesto la riqueza; el amor le pidió ayuda a la vanidad, que también venía pasando. Vanidad, ayúdame por favor !! No puedo ayudarte amor, tu estás todo mojado y vas a arruinar mi barco nuevo; entonces el amor le pidió ayuda a la tristeza: tristeza, me dejas ir contigo ? Ay amor! estoy tan triste que prefiero ir solita; también paso la alegría, pero ella estaba tan alegre que no escucho al amor cuando este le pedía ayuda; ya desesperado, el amor comenzó a llorar y fue ahí cuando una voz lo llamó y le dijo: Ven amor, yo te llevo. Era un viejito, pero el amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre y al llegar a tierra firme, el amor le preguntó a la sabiduría: sabiduría, quien era el viejito que me trajo hasta aquí ? y la sabiduría respondió : Era el tiempo. El tiempo? pero porqué solo el tiempo me quiso traer ? y la sabiduría respondió: porque solo el tiempo es capaz de ayudar y entender a un gran amor.

LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos - empezó el joven.
- Y nos vamos a casar - dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa - dijeron los dos-. Lo que sea - ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...¡salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.
- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? - preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No - dijo el viejo-.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven-.
- No - repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
Este es el conjuro...
-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.